Los ojos bizcos del Sol

A pesar de que me gusta mucho la Ciencia-Ficción, no recuerdo haber leído antes a ningún autor español y la verdad es que es un error que voy a reparar dado que la entrada ha sido a lo grande con Emilio Bueso.

«Los ojos bizcos del Sol» en realidad es una trilogía editada en un solo tomo bastante gordo. Salieron los tres libros que la componen de forma independiente y, supongo que por la buena acogida, sacaron después la trilogía completa en un solo libro.

La historia comienza con un robo del que alertan unos caracoles gigantes y al que intenta poner remedio el Alguacil encargado de la seguridad del lugar donde ocurre. Lo primero que llama la atención son los caracoles gigantes claro, después el hecho de que el Alguacil salga disparado persiguiendo a los ladrones en una libélula gigante y que se ponga una babosa al hombro. A partir de ahí pues ya te puedes imaginar que nada de lo que va a ocurrir es ni remotamente parecido a lo que esperas.

Un mundo que tiene el mismo periodo de rotación que de traslación y que por lo tanto presenta siempre la misma cara al sol que orbita. Esto convierte la cara que da al sol directamente en un desierto infernal, calcinado y abatido por tormentas de arena, mientras la cara opuesta es un páramo helado y asolador; por contra, en la frontera entre estos dos infiernos hay un cinturón que da la vuelta al mundo y que es habitable para los humanos, aunque está sometido a fuertes tormentas y los días comprenden varios amaneceres y crepúsculos.

En el Círculo Crepuscular es precisamente donde empieza la historia, con el Aguacil, que junto con la Regidora y el Astrólogo salen a la caza de los ladrones para tratar de recuperar el valioso objeto robado. No tardarán en unírseles más personajes y el viaje que emprenden a través del Círculo Crepuscular y después por las dos caras del planeta es lo que se cuenta en los tres libros de la trilogía, Transcrepuscular, Antisolar y Subsolar. Los habitantes del planeta creen que los tres ojos bizcos del sol apuntan cada uno a una cara y todos convergen hacia el centro, de hecho una vez leído el libro no podrás volver a ver el símbolo de Mitsubishi de la misma forma.

Hasta aquí he intentado hacer una reseña comedida de lo que he leído, pero es que ya no puedo ocultar más que todo es una locura, una gamberrada genial, con simbiontes, criaturas salidas de una mente muy perturbada, situaciones muy bizarras y peleas brutales.

Al ser el original en español las referencias a series y películas las he pillado del tirón aunque a lo mejor se me ha escapado alguna, tampoco soy tan friki. El personaje principal no es el Alguacil aunque lo parezca, es el Trapo del que solo diré que utiliza un lenguaje que me alegro de haber podido leer en su idioma original ya que creo que deber ser «putamente» difícil traducirlo y transmitir toda su poca vergüenza en otro idioma.

El libro tiene momentos muy bestias pero también hay partes que como reflexión están muy bien, realmente lo que está bien y mal es tan relativo como verlo desde distintos puntos de vista y la virtud no está en el blanco ni en el negro, hay toda una escala de grises que hacen que la vida merezca la pena.

El final es de los que cierran un libro de forma perfecta, ni una pega se le puede poner, era lo que tenía que pasar porque, como diría el Trapo, no había una forma «putamente» mejor.

Próximo libro «Las hojas de Riemann» (Leonardo Roy)

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