Un jardín al norte

Decidí leer este libro por el autor. A priori, puede parecer que Boris Izaguirre no es el tipo de autor que podría gustarme, pero ya había leído un par de libros suyos y sabía que no es tan extravagante como su personaje televisivo. De hecho en libros anteriores había disfrutado mucho de su lectura y me había metido en la piel de sus personajes hasta el fondo.

Partiendo de esas expectativas, la verdad es que este libro me ha parecido un auténtico tostón. La vida de Rosalind Fox, de la que ya sabía algo por leer “El tiempo entre costuras”, tenía ingredientes para ser bastante más interesante que lo aportado en la novela.

La infancia de una niña inglesa, muy madura y adelantada a su edad, tanto que parece una mujer de treinta años que ya viene de vuelta de todo, es absolutamente inverosímil. No solo por la forma de ver el mundo de esta niña-anciana sino por la forma en que asumen esta madurez inaudita los adultos que la rodean. Su relación con sus padres es tan extraña que debería haber dado lugar a una persona llena de traumas no una super-heroína infantil capaz de enfrentarse al mundo con una visión del siglo XXI.

Rosalind vive su infancia como una adulta y su juventud como una niña tonta, enamorada hasta las trancas de un hombre al que ha visto cinco minutos de su vida.

El espionaje que se supone que es como se gana la vida esta chica, tiene un papel secundario por detrás de esta historia de amor que a partir de la mitad del libro es el eje central de todo. Las tramas de su vida como espía son bastante simplonas y, por momentos, incomprensibles, los paisajes de los muchos lugares donde vive, se limitan a las casas donde habita, y las descripciones de ropa y modelos aburridas.

Rosalind es presentada como una persona contraria a las injusticias y preocupada por el bienestar de los que le rodean, pero todo eso entra en contradicción con su tren de vida, las mansiones que habita en una Europa que se desangra por la guerra o el hecho de enamorarse de un militar y alto cargo del régimen franquista.

En ningún momento me he metido en ninguno de los personajes de la trama y me ha costado bastante terminar el libro. Todo esto no implica que no vaya a leer más libros de Boris Izaguirre como dije al principio, he disfrutado mucho leyéndolo en otras ocasiones, pero creo que esta vez no ha conseguido esa conexión entre escritor y lector que hace que un libro me merezca la pena.

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Próximo libro “Antología universal del relato fantástico” (Varios Autores)

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