Hasta hace unos meses «La Regenta» solo era una línea de mis apuntes de literatura española. Sólo sabía que era una de las principales novelas del Siglo XIX y su autor del que además no conocía bien el nombre, siempre pensé que Clarín era su segundo apellido y ahora sé que es un apodo por eso aparece separado por una coma. Yo soy de ciencias, el último año que estudie literatura fue 2º de B.U.P., lo que hoy sería 4º de E.S.O., es decir que tendría unos quince años cuando introduje ese dato en mi cerebro y todo quedó ahí.
Ahora, una vez leída, lamento que mis profesores no hubieran hecho mejor su trabajo, no es solo un dato más en los clásicos que todo el mundo debería conocer, es una maravilla y yo no lo he sabido hasta ahora.
El tema tratado en la novela es bastante recurrente en la literatura universal de la época, la deshonra de una mujer casada. En una época postrevolucionaria y de constantes cambios como es el siglo XIX, la liberación sexual de la mujer todavía arrastra el peso que las tradiciones y la religión imponen sobre su honra y la de su familia. Los protagonistas son la mujer más guapa de la ciudad, inocente, virtuosa y tristemente casada con un señor mayor; el Don Juan de la localidad, guapo, atractivo y a la que ninguna se le resiste; el provisor del Obispo, cargo eclesiástico de gran poder en toda la región, criado en soledad por su madre ansiosa de poder y prestigio y, por encima de todo y de todos, la ciudad «Vetusta», el verdadero eje alrededor del que gira toda la historia.
Vetusta es una ciudad ficticia del norte de España, pero en sus numerosos habitantes se ve perfectamente reflejada la sociedad española de cualquier época, incluida la actual. Vetusta juzga, perdona, hace subir la popularidad o hunde en el barro a quien quiere. Las noticias mal contadas, los bulos maliciosos, la envidia o la avaricia de sus habitantes llevan a los protagonistas, como si de marionetas se tratara, a seguir los guiones dictados por la ciudad, su destino es inexorable y por mucho que luchen no pueden escapar de él. Durante setecientas páginas el trio formado por La Regenta, Don Fermín y Álvaro Mesía sirve de espectáculo y entretenimiento no solo al lector sino a todo un pueblo que asiste expectante al inevitable desenlace y que después juzga y sentencia con crueldad.
Leopoldo Alas, escribe magistralmente, juega con el lenguaje con ironía y sus descripciones son maravillosas, el libro es realmente una delicia, tiene momentos divertidos y otros realmente apasionantes.
A mi me ha pillado en uno de los peores momentos de mi vida. La lectura de «La Regenta» siempre irá ligada para mi a la muerte de mi madre, pero en estos momentos duros cada noche conseguía evadirme un poco de todo y perderme por las calles de Vetusta vigilando los pasos de la Regenta y sus enamorados.

Próximo libro «El estrecho sendero entre deseos» (Patrick Rothfuss)