El pibe que arruinaba las fotos

La primera vez que leí algo de Hernan Casciari fue a través de una conocida red social. Me llegó no sé si por que alguien me lo envió queriendo o por alguna relación que hizo el algoritmo, el caso es que me encontré con un extracto del libro que hoy comento y me pareció algo tan bonito, tan increíble y maravilloso que decidí que tenía que leer el libro completo. Casciari describe de una forma magistral, minuciosa y perfecta algo que nunca ocurre, los diez segundos que transcurren entre que da marcha atrás con el coche, siente un golpe, cree que ha atropellado a su sobrina de 4 años y descubre que solo ha golpeado un tronco. En esos diez segundos, toda su vida de desmorona, todo su futuro se va al traste, la pena, la culpa, el horror y el alivio se van sucediendo para dejar al lector con la lengua fuera y echo trizas; y no ha pasado nada en realidad. Tener la capacidad de emocionar con las cosas cotidianas solo está al alcance de unos pocos y Hernan Casciari es uno de esos privilegiados.

«El pibe que arruinaba las fotos» es una autobiografía bastante libre. En ella Casciari nos cuenta su infancia como un gordito incapaz de posar bien en las fotos, un lector compulsivo, un chico curioso y con muy poco respeto por las normas; un niño con una imaginación desbordante y un joven un poco problemático que acabó viviendo en Cataluña, formando una familia y siendo un escritor famoso que contaba su vida en Argentina y cómo le era imposible no hacer muecas con la cara para las fotos.

Me encanta cómo escribe Casciari, como en el caso del atropello de su sobrina, cada situación la cuenta y nos hace vivirla desde un punto de vista totalmente inesperado, no cuenta una anécdota, nos mete de lleno en ella, nos habla de cómo sentirla y cómo verla desde la mente de un niño o un hombre que no somos nosotros, un hombre que vive y siente la vida de determinada manera porque fue ese niño gordito o porque es el padre de una niña o porque un día se fue de su casa y discutió con su abuelo. No tenemos que pensar tenemos que dejarnos llevar y ver el mundo con sus ojos y Casciari lo consigue de una forma magistral y preciosa.

Es un libro divertido, ameno y muy fácil de leer que recomendaría a todo el mundo. Leer no siempre se trata de pensar y reflexionar, no siempre hay que leer grandes textos que te hagan comprender cómo funciona el mundo, a veces leer solo va de relajarte, disfrutar de un momento de tranquilidad, pasar un rato lejos de los problemas del día a día y viajar con la mente a una pequeña ciudad Argentina donde un niño siempre se empeña en salir haciendo el tonto en las fotos.

Próximo libro «El jardinero y la muerte» (Gueorgui Gospodínov)

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