Visión Ciega

«Imagínate que eres Siri Keeton:» Así empieza este libro que me ha encantado y así continua, apelando a la imaginación, a una imaginación efervescente e increíble, un ejercicio continuo de pensar de otra manera y de suponer cómo funciona el cerebro, la comunicación y las relaciones. En definitiva un libro de ciencia-ficción dura, de la que cuesta leer y entender, de la que te obliga a pensar y de las que me gustan mucho.

En el año 2082 la humanidad está compuesta por individuos cada vez más aislados unos de otros. Muchos son «mejorados», personas con implantes y mejoras que les dan capacidades individuales a cada uno según sus gustos o en función de a lo que se dediquen. Una gran cantidad de personas han mudado su mente al «Paraiso» una nube virtual e individual donde descargan su conciencia y pueden vivir en un entorno elegido y modificable a voluntad mientras su cuerpo es mantenido vivo en una institución dedicada a ello. Se ha traído del pasado, mediante ingeniería genética, una raza de homo extinguida miles de años atrás que eran depredadores naturales del Homo Sapiens, el Homo Vampiris. Con grandes colmillos y aversión a las cruces, los vampiros son más ágiles y mucho más inteligentes que sus presas, pero para sobrevivir en el mundo actual necesitan un medicamento que los hace inmunes a los ángulos rectos. Este mundo individualista y deshumanizado se ve de repente una tarde rodeado de una malla de luces que cubren toda la bóveda celeste sin dejar ni un hueco, dan un fogonazo todas a la vez y desaparecen no sin antes enviar información al espacio, como si nos hubieran hecho una foto.

La humanidad al unísono se ve forzada a reaccionar, a dar una respuesta o al menos a intentar descubrir qué ha pasado. Una nave es enviada a la zona del espacio que parece haber recibido la señal, en ella viajan varios individuos mejorados, expertos en biología, comunicación o defensa, bajo las órdenes de un vampiro y con Siri Keeton, nuestro protagonista, un joven que de pequeño fue sometido a una drástica intervención para salvarle la vida y cuyo cerebro funciona de una forma algo distinta que el de los demás y tiene como misión ser un observador imparcial de cuanto ocurra en esa nave.

Los libros de ciencia-ficción que tratan de relacionarse con razas alienígenas se encuentran con el escollo de imaginar cómo se habrá desarrollado la vida en otros planetas. Pongo siempre el ejemplo de Star Wars como el de una historia que no es ciencia-ficción porque para mi es una telenovela espacial donde los extraterrestres solo se diferencian de los humanos en el disfraz, por lo demás son humanoides y se comportan como tal, eso no es creíble ni lógico, y la misma historia se podría contar en un escenario del Oeste, de la Inglaterra victoriana o en la India, solo hay que cambiar la vestimenta de los protagonistas. En «El problema de los tres cuerpos» se resuelve de forma magistral, ya que nunca sabemos ni necesitamos saber cómo son los trisolarianos, su aspecto no es importante sólo sus reacciones. Asimov imaginó, a mi forma de ver, unos extraterrestres maravillosos en «Los propios dioses» con una biología y neurología sorprendente, dignas de un gran maestro de la ciencia-ficción. Peter Watts imagina unos aliens que me han gustado mucho, su morfología y sus reacciones son totalmente inesperadas y apropiadas a la historia que se cuenta.

El libro en un alarde de imaginación nos obliga a pensar y a plantearnos conceptos como la empatía, la autoconsciencia, la comunicación y cómo nos relacionamos con los demás. Me ha encantado y perturbado a partes iguales, me ha tenido despierta hasta altas horas de la madrugada y me ha hecho avanzar y retroceder en muchas ocasiones. Un libro muy bueno de esos que se tardan en olvidar.

Próximo libro «El diablo en la colina» (José Ruiz Mata)

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